Verano 1993
Fotograma de la Película: Frida y Ana jugando.
El fin de semana pasado fui a ver junto con mi hermana, la película Verano 1993. Nos encontramos con un fragmento de la vida de Frida, una niña de 6 años, que abandona el apartamento en el que ha vivido hasta ahora, en una ciudad, y se va a vivir a la zona rural con su tío, la esposa de este y su pequeña hija Ana. Lo intenso de la película se encuentra en que la narración de esta nueva vida - a los seis años, sin sus padres, y ahora con una pequeña Ana que insiste en contar a las personas con que se encuentra, que ahora tiene una hermana-, es que será contada desde los ojos de Frida. Con la ciudad que se abandona, la niña deja también la compañía permanente de sus abuelos maternos y sus tías para iniciar una vida en el campo, bajo los cuidados de un hombre amoroso, una pequeña que rápidamente la acepta en su vida, le dice que la quiere y está dispuesta a seguir todos los desafíos que Frida le proponga; y sobre todo con una mujer a la que llamará su "nueva mamá": Marga, la joven esposa de su tío, que de ahora en adelante se encargará de acompañar a la niña, de cuidarla e incluso de resistir si rendirse a permanecer a su lado. Y esta es precisamente la relación que más me conmovió a lo largo de toda la película.
Frida recuerda a su "madre de antes". A pesar de no hablar mucho de ella sino hasta el final de la película, nos presenta la relación que las dos alcanzaron a tener: intenta vestirse como la madre, maquillarse como ella, e incluso recrear la relación que tenían, ahora convirtiendo a Ana en la hija que desea jugar con la madre -pero que recibe una negativa porque está cansada-, que atiende a la madre con la esperanza de la promesa del tiempo juntas -y que Frida recrea en las respuestas de una madre que no siente ánimo para jugar, que solicita de su hija cuidados que ella no puede dar-. Y se resiste a olvidarla en la rabia que expresa hacia Marga cuando ella quiere peinarla, pedirle que amarre sus zapatos, preguntarle por el paradero de Ana; cuando Marga intenta muchas veces que Frida se sienta a gusto con ellos y solo consigue que, con la visita de los abuelos, la niña quiera salir corriendo del lugar.
Pero las dos se resisten a resignarse la una con la otra, y poco a poco vamos entendiendo que Frida necesita a Marga viva: que se enfrente a ella, pero que también sea lo suficientemente contenedora como para acunarla cuando no puede dormir; que le demande que cuide de ella y de Ana, pero que también sonría y pueda jugar con ella. Y que sin insistir y sin presionarlo, esté lista para escuchar cuando Frida pueda preguntar por la forma en cómo ocurrió la muerte de su madre. Y si Frida llora sin saber por qué, que también entienda en silencio. Que le diga que estará presente, y que por ahora no tiene planes de morirse.

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