domingo, 15 de julio de 2018

Adiós, Entusiasmo

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Fotograma de la película

Adiós, entusiasmo es una película de cine colombiana y argentina, dirigida por Vladimir Durán -quien además aparecerá en la película en el papel de Bruno-. Lo primero que debe tener en cuenta el espectador de la cinta es que la película le transmite -gracias a las tomas, al color y a la iluminación que utiliza-, un ambiente sofocante, de encierro y por momentos persecutorio: el asunto es que la persona que al parecer es el eje central de estas sensaciones en la película, se encuentra encerrada en una sección de la casa; sabemos que allí se encuentra, detrás de una puerta blanca cerrada con candado, y que las demás personas se pueden comunicar con ella acercándose a la puerta o a través de una ventanilla alta que se encuentra en un baño contiguo. 
Nadie la puede ver. Es una mujer. Nos enteraremos también que es la madre de cuatro hijos que conviven entre ellos en la misma casa y que han naturalizado de tal forma su existencia detrás de la puerta, que algunos se acercan a contarle fragmentos de sus días, el hijo menor juega a producir sonidos con ella acurrucado en el piso y pegado a la puerta, algunas de las hijas saben que la madre se encuentra allí, y con esta información pasan sus días, sin buscar ni intentar ningún tipo de comunicación. ¿Qué hace la mujer encerrada allí? ¿por qué lo decidió? ¿ella lo decidió? Al parecer no es del todo su decisión, puesto que podemos ver que hay un candado en la puerta que está cerrado por fuera de la habitación y, por alguna conversación en la película, nos enteramos que el encierro es el producto de un acuerdo que tiene la madre con sus demás hijos. Pero, ¿por qué?  
De la vida de sus hijos, nos enteramos por algunas conversaciones y algunas escenas: una de sus hijas mayores pasa la mayoría del tiempo afuera de la casa y se comporta casi como si fuera una extranjera que tan solo visita aquel lugar. La otra hija mayor acude a una especie de centro de asistencia, en el que le ayudan a conectarse con la pronunciación de palabras, de frases cortas: escucha un pitido incansable en algunos momentos, lo que la lleva a encerrarse y cortar la comunicación con los demás. Los dos hijos menores se encuentran más unidos: una hija intenta cuidar de su hermano menor ayudándole a interpretar un fragmento de una canción en otro idioma -¿será el idioma original de la madre?-. Y el hijo menor, que por momentos ocupa el lugar de traductor visual-emocional-en palabras de todo lo que ocurre en la casa, intenta entender y entenderse: crea sus propias criaturas-habitantes de su casa interna y externa a partir de material-arcilla. 
Y es entonces cuando llega la celebración del cumpleaños de la madre y los habitantes de la casa deciden adecuar el lugar para que la madre vea el espectáculo que tienen preparado, a través de un pequeño agujero en la puerta. Cerca al baño y a la puerta se disponen las mesas y un pequeño escenario para la actuación. Bajan más las luces, se hace de noche e interviene en la celebración una tía de los hijos -hermana de la madre encerrada-, quien creará un nuevo espacio en el lugar para un "trabajo" terapéutico dirigido a estos hijos. 
Y entonces entendemos la fuerza de los pactos familiares, los acuerdos conscientes e inconscientes que tenemos -por más bizarros que parezcan-, y en últimas, el intento por mantenernos todos a flote, a pesar de que las formas sean -para un espectador externo-, las más extrañas de todas.  

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