domingo, 21 de octubre de 2018

La sonrisa de Harry Dean Stanton

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Fotograma de "Lucky"(2017) 

Esta película es uno de los últimos trabajos de Harry Dean Stanton, actor más reconocido por su actuación como Travis en "Paris, Texas", de Win Wenders. En esta película, ahora es dirigido por John Carroll Lynch en un papel que no se me ocurre que pudiera interpretar alguien diferente: el paisaje nos recuerda al lugar en el que Travis deambulaba sin memoria, ese lugar árido y abierto que pareciera no tener ningún tipo de recorrido delimitado como para inspirar un principio y un fin. Travis abandonó a su esposa y a su hijo: la imposibilidad de comunicarse con el otro marcaron su destino y lo perdieron en su propia memoria. Tan solo algunos objetos y las fotografías de un pasado perdido para siempre, le servían de brújula para intentar encontrar un camino abandonado e imposible de restaurar. 

Ahora es diferente: Harry Dean Stanton en el papel de Lucky, no es el hombre joven perdido; es un hombre mayor de noventa años que camina con decisión todos los días de su vida, como parte de su rutina, vigilando aquellos lugares y personas que marcan cada día el ritmo de la única existencia que hay. Lucky se levanta cada mañana y hace sus ejercicios de yoga -siempre los mismos, en el mismo ritmo y en un mismo número-, toma un vaso de leche, se arregla y visita a las primeras personas de su recorrido: toma un café y llena el crucigrama del día. Retorna a su casa a ver programas de concurso, no sin antes haber visitado a la mujer latina de la tienda de alimentos a quien compra la leche. Por la noche y como si los viejos amigos nunca perdieran el contacto, Harry Dean Stanton se encuentra en un bar con David Lynch -un amigo de siempre- y con otros. Conversaciones sobre el encuentro de una pareja, los días que pasan y una tortuga de más de 100 años que ha seguido su propio camino abandonando su casa y a su confidente definitivamente, son algunos de los temas que comparten entre todos. Porque de eso se trata la vida, como dirá Lucky más adelante: propiciar conversaciones largas y llenas de sentido, "porque algo tan incómodo como un silencio, es una conversación corta". Tampoco nos engañemos: no se trata de una persona nostálgica ni sola -porque vive consigo mismo en su casa de siempre-; como Lucky mismo lo señala, hay una diferencia entre estar solo y ser solitario. y él es un solitario que, aunque siente pánico de la muerte y se siente frágil ahora, asume sus días sin cambiar de rumbo, sin quedarse en una esquina de su cama sentado, esperando lo que está por venir y que parece anunciarse a partir de una caída. 

Y es entonces cuando surge la sonrisa de Harry Dean Stanton: la primera, dedicada a sus amigos de siempre, ya cuando somos capaces de afrontar la propia finitud y entender que lo único que queda es sonreír. Y aquella que nos dedica al final a los espectadores: cuando entendemos que un día más le espera en la vida a Lucky y que, capaz de observar con más detenimiento el paisaje árido con los cactus inmensos que observa una y otra vez, de repente nos mira a nosotros y nos dedica su última sonrisa. No queda más que sonreír, a pesar de que todos ya sabemos cuál es el desenlace. 

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