Leer durante la primera semana del año 2018
Esta primera semana del año la he dedicado a dos de las cosas que más me causan placer en la vida: leer literatura e ir a cine. Desde la semana pasada estuve leyendo el quinto tomo de la extensa obra de Karl Ove Knausgård: "Tiene que llover". Este escritor, dedicado a develar en cada página que escribe un fragmento de su vida -jugando con la temporalidad, los pedazos de diferentes episodios de su biografía, los acontecimientos que le fueron ocurriendo-, una vez más me tuvo concentrada en las 691 páginas de la edición en español que tengo de su obra. En esta entrega, se centra mucho más en cómo fue descubriéndose él mismo como escritor, y ahora algunos de los episodios narrados en los 4 tomos anteriores, se tejen y cobran sentido. Me encontré de nuevo con una imagen que tengo de Knausgård desde el segundo tomo de su obra: un hombre que se mira en el espejo de un baño durante una noche y va haciendo cortes en su cara, en un ir y venir entre este lugar y el escenario de una reunión en la noche, en el que además de otras personas se encuentra con su novia y su hermano. ¿Qué lo lleva a cortarse la cara para luego mostrar ante ellos las heridas que se hace en la medida en que transcurre la noche? Muestra las heridas en el rostro, se las pone de frente a sus acompañantes -su novia se sorprende y se aterra-, y sigue adelante con la narración. No necesita dar ningún explicación. Cada uno de los lectores que se encuentre con este pasaje intentará encontrarle el sentido. Lo que yo encuentro, es la misma fuerza y furia que me transmiten las páginas de sus libros, un tomo tras otro. Esperemos cuándo sale el siguiente tomo de Karl Ove Knaurgård en español.
Continué mi semana con el tercer y último tomo de los diarios de Emilio Renzi "Un día en la vida", de Ricardo Piglia. Renzi, alter ego de Piglia, termina el diario con la presencia indestronable del cuerpo enfermo del escritor. La penúltima frase del libro: "Si uno puede usar su cuerpo, lo que dice no importa" (pág.294), me hizo descubrir algo que venía intuyendo desde el pasaje del rostro cortado en el baño de Knausgård: cuando el cuerpo se impone, no hay nada más que decir. Renzi cuenta también su vida, en forma de un diario que en todo caso sabe que será destinado para ser leído por otros: los años de la dictadura en Argentina, sus cambios de domicilio, los amigos que acompañan, las parejas que pasan por la vida, su transformación en personaje de su ficción y sus últimas notas, entregan al lector una narración de lo que se puede escribir, de la propia vida, acompañado por su personaje que es él mismo, que escribe hasta que su cuerpo se lo permite, hasta que se puede sentar, hasta que sus pensamientos pueden ser plasmados en signos.
Tamaña tarea la de estos dos escritores. Escribir hasta que el cuerpo lo permita, en últimas.
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