domingo, 14 de enero de 2018

La Rueda de la Maravilla (2017), de Woody Allen


La última película de Woody Allen nos lleva a los años cincuenta en Coney Island: un parque de atracciones, las playas cercanas, sus calles, algunos restaurantes y un pequeño apartamento situado cerca de la atracción de la rueda maravillosa, son los escenarios en los que transcurre toda la historia. Ginny (Kate Winslet) es una mujer que cumplirá cuarenta años: trabaja como camarera en un restaurante cerca a la playa y convive con su hijo pelirrojo -que es producto de una relación con un artista y que terminó por culpa de ella, nos cuenta-, y con Humpty (Jim Belushi), un operador de un carrusel del parque de atracciones. La pareja ha intentado dejar de lado el alcohol, y entre los dos, encuentran todos los días la forma de seguir adelante con sus vidas y conseguir el dinero para mantener su pequeña familia además de poder ofrecerse pequeñas gratificaciones cotidianas: una reunión con los amigos, algunos regalos para los cumpleaños -así hayan sido conseguidos en el mercado negro y a muy bajo costo- algunas salidas juntos. 

A Ginny nada le gusta/ ya nada le interesa: no disfruta las reuniones con amigos, no soporta el ruido del parque de atracciones, no quiere ir a pescar. Persigue a su hijo en los teatros de cine, lo regaña al llegar a la casa después de las llamadas acusatorias provenientes del colegio -provocó de nuevo un incendio-, le pide explicaciones a gritos acerca de lo que hace: él no tiene respuestas para las razones de los incendios, y en cuanto al colegio, no desea volver nunca: solo necesita dinero para refugiarse en el cine. No acusa a la madre por separarlo de su padre biológico, aunque sabe -contado por ella misma- que fue ella quien provocó la ruptura. El pelirrojo causa incendios, pero ni él ni nadie aparentemente entienden los motivos.  

En la vida de estas personas nada es lo que parece: el hijo pelirrojo se fuga del colegio para ir al cine y produce incendios en diferentes lugares -cerca a la playa, en su colegio, más adelante en la sala de espera de su terapeuta después de salir furioso de una consulta-; una hija de Humpty de su anterior matrimonio aparece huyendo de su marido mafioso, a quien delató frente a las autoridades -ahora los mafiosos que trabajan para su marido la están buscando para cobrar la delación y ella busca un refugio con su padre en el apartamento de diversiones-; Ginny recuerda la ruptura con el padre de su hijo, siente nostalgia por su carrera de actriz abandonada y un día, caminando por la playa, conoce a Mickey (Justin Timberlake) un salvavidas que cuida a los turistas en las playas cercanas -y con quien iniciará un romance en el que pone las esperanzas de huir de su actual vida, abandonar a Humpty y retomar su carrera de actriz-. Y así, nos encontramos con la trama que se desarrollará a continuación. 

Al ver Wonder Wheel, tenemos la sensación de recorrer de nuevo los temas que aparecen una y otra vez, -como una rueda maravillosa que da vueltas y que esconde, detrás de un parque de diversiones, la tragedia de las personas-, en las tramas de este director de cine: pequeños fragmentos de historias de diferentes personajes que en un momento se cruzan, y generan una tragedia. Tenemos de nuevo la fuga al cine como el escenario de la fantasía que promete otro tipo de realidades alternativas al incendio (La Rosa púrpura del Cairo), las parejas dependientes y fallidas que intentan mantenerse a flote a pesar del naufragio evidente (Maridos y Mujeres, Vicky Cristina Barcelona, la nostalgia por otros tiempos (Media noche en París), el peligro de la muerte y la venganza (match Point) como una de las pasiones humanas más intensas y difíciles de controlar. 

Ginny -como las mujeres dramáticas y temperamentales de Woody Allen (Blue Jazmin) encuentra el momento de la venganza, porque su vida no es lo que ella desea, porque no soporta el letargo de su vida cotidiana y porque es ante todo una actriz que puede continuar adelante con su vida, una vez todo, de nuevo, tome su curso futil. 

Para muchos espectadores, Wonder Wheel no alcanza la grandeza de otras películas de este director norteamericano: tendríamos que considerar que volver sobre los temas de los que todos nos ocupamos en nuestra vida, y volver a elaborarlos con otras tramas y otros rostros, ya implican un nuevo intento para producir una creación con la misma materia y la sangre de la que estamos hechos. 




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