lunes, 19 de marzo de 2018

Una mujer fantástica

Daniela Vega en un fotograma de la película

Hay dos escenas que me parecen claves a la hora de entender "Una Mujer Fantástica", la película galardonada con el Óscar a mejor película extranjera en la última entrega de estos premios. La primera tiene que ver con una pequeña llave que se encontraba entre las cosas de Orlando -la pareja de Marina-, y que la conducen hasta los saunas que él frecuentaba. Una vez allí, Marina Vidal debe preguntar si este lugar es unisex: la respuesta es que no; las mujeres tienen acceso a algunos lugares específicos, los hombres a otros. Y ella, que es Marina, y que durante lo que va de la película ha debido enfrentar la mirada psicopatológica de todos los espectadores que la juzgan y que no entienden su relación de pareja, debe ingresar al lugar con una toalla, como se encuentran allí la mayoría de los hombres. Y es que es la única manera en cómo puede acercarse al locker de Orlando y abrirlo, para saber si allí él guarda algún secreto, de repente un mensaje para ella, un objeto que olvidó allí y que ahora le pertenecerá después de que la familia de este la ha despojado de todos los otros objetos materiales que podrían evocarlo a él. Pero no hay nada, solo un espacio negro. Los recuerdos de Orlando deberán ser buscados en la memoria de Marina, allí donde solo le pertenecerán a ella y a la historia de amor que vivieron juntos. 

Pero todavía se puede continuar luchando por Diabla, la mascota que su pareja le regaló y que estuvo acompañándolo a él desde varios años atrás: antes que Marina apareciera, cuando Orlando convivía aun con su hijo, con su anterior pareja, con su hija menor. Diabla vivió con Marina y Orlando hasta los últimos episodios de su vida juntos. Y es entonces cuando aparece la segunda escena que más me gusta de la película: Marina ya está dispuesta a seguir adelante con su vida, en un pequeño apartamento en el que convive con Diabla -que ahora le pertenece, a pesar de la resistencia del hijo mayor de Orlando-, y con algunos objetos más que ahora hablan más de ella y menos de Orlando: están los decorados del lugar que ella escogió, su capacidad de alimentar y cuidar de la mascota, sus atuendos listos para irse a presentar en un concierto en el que su maestro -que nunca la victimiza y que la espera allí para su presentación-, le recuerdan que las peleas que debe dar no han terminado. Y para descargar la rabia tiene también una pera de boxeo instalada en su nuevo lugar: porque sabemos que Marina es capaz de golpear, de pegar duro, de seguir cuidando de ella.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario