Barranquilla 2132
Fotografía de José Antonio Osorio Lizarazo
El cuerpo de Juan Francisco Rogers es encontrado en un ataúd enterrado en la base de un edificio que al parecer, pertenece al año 1940. Ahora en el año 2132, en Barranquilla, algunos exploradores se encuentran perplejos con su cuerpo, y con una carta en la que el hombre recién descubierto les habla acerca de su experimento: se enterró de forma voluntaria esperando ser "revivido" varios siglos después, para así poder apreciar los desarrollos y cambios que el mundo habría podido experimentar. Él, por medio de un cuidadoso procedimiento sobre su cuerpo, logró conservar sus órganos en perfecto estado; y ahora, gracias a un método menor, podría recobrar su vida de nuevo y apreciar aquello que tanto anheló poder llevar a cabo.
Y la perplejidad va más allá de los cambios tecnológicos que ahora encuentra en el año 2132: las personas ahora son nombradas con algunas sílabas de una combinación de su nombre y apellidos, la seducción entre hombres y mujeres no hace parte de las relaciones humanas deseables, actividades como comer en público son repudiadas por considerarse "sucias" y una pauta marcada por actividades y acuerdos racionales entre los hombres y su convivencia, parecen haber borrado del todo sentimientos como el amor, la ternura, el cuidado por los vínculos humanos, la perplejidad y la fascinación que producen las obras de arte. Los tubos, la energía, las ondas, el metal y la investigación en laboratorio son fundamentales para los hombres de esta época.
Y es entonces cuando Rogers descubre que, a pesar de tantos cambios, algunos sentimientos humanos permanecen intactos: la venganza, el desprecio por la vida del otro, la capacidad de ultrajar y dañar. También permanecen la posibilidad de contarle a las personas, por medio de las comunicaciones, una historia de los últimos sucesos que -reales o no-, logran entretener y conmocionar, pero solo de forma efímera y pasajera.
¿Valió la pena extender las posibilidades de la vida humana de Rogers hasta 2132? Ahora se encuentra, en una Barranquilla en la que solo reconoce sus bordes con el mar.
Este increíble libro ha sido reimpreso de nuevo por Laguna Libros. Aplausos para los editores.

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