domingo, 20 de mayo de 2018

En la Penumbra

Fotografía de el Director Fatih Akin y los actores de la película

Contra la Pared fue la primera película que vi de Fatih Akin; la manera en cómo lograba presentar el conflicto entre una pareja recién casada y conformada por una mujer turca y un hombre alemán me impresionó: allí estaban presentes las tensiones entre sus culturas, pero también las dificultades del amor, los cuestionamientos a la libertad que presenta la elección de permanecer al lado de alguien y las decisiones que en ocasiones van en contra de nuestros deseos más viscerales. Una película intensa y difícil. Después vi Soul Kitchen y aunque también la disfruté -algunos de los actores de la primera película estaban también allí-, sus protagonistas lograban atravesar de la mejor manera -incluso de forma más liviana-, las separaciones entre las personas y los nuevos encuentros. 
Hace algunos días pude ver por fin en cartelera En la Penumbra; y entonces me encontré de nuevo con una especie de sello de autor que tiene que ver con los temas que elige este director: la tensión entre culturas, el enfrentamiento del hombre con la sociedad, la historia que existe como telón de fondo en la vida de los protagonistas; las tragedias anunciadas, que nunca inician con ellos, sino que pertenecen a contextos más bien delineados y que tienen décadas de cobrar vidas y de crear nuevos enemigos, bajo los mismos presupuestos y justificaciones de siempre. 
La película inicia con el matrimonio de Katja y Nuri: esta ocurre en una cárcel en la que se encuentra Nuri -que traficó drogas-, y a la que Katja -a quien conoció cuando le vendía marihuana-, acude convencida y enamorada. Después de estas escenas, nos encontramos con la familia que han conformado con su pequeño hijo Rocco de 5 años: Nuri trabaja en una oficina de administración de impuestos -también es traductor- y Katja lo visita un día cualquiera, deja al niño con el padre y se dispone a encontrarse con una amiga para pasar el día con ella. Por la noche recogerá a Nuri y a Rocco para ir a la casa juntos.  
Pero la tragedia se anuncia cuando en la noche vemos el carro de Katja acercarse a algunas cuadras de la oficina de impuestos que administra Nuri y que ahora se encuentra acordonada y atestada de policías y un carro de emergencia. Ha explotado una bomba abandonada en una bicicleta, justo al frente de la entrada de la oficina; han fallecido un hombre adulto y un niño. 
La investigación inicia: ¿quién asesinó a la familia de Katja? Los familiares de ella opinan que "seguramente estaba implicado en algún negocio ilegal", los familiares de Nuri alegan: "¿podrán llevarse los cuerpos del nieto y el hijo con ellos, a otras tierras?", los investigadores se suman a la búsqueda de explicaciones: "¿Nuri pertenecía a algún grupo ilegal, tenía deudas con ex-socios, pertenecía a algún movimiento religioso?" "¿podría haber regresado al tráfico de drogas?". Pero Katja está convencida: fue un grupo de neo-nazis. Y rápidamente, las investigaciones le dan la razón. 
La desconfianza que genera el otro por el color de su piel, por sus facciones, por sus antecedentes -el expediente personal-, y más allá de eso, porque precisamente es el otro, es el móvil de esta película sobre la venganza. 
Pero también es una película sobre el sentimiento de impotencia, sobre la desolación, sobre las pérdidas irrecuperables. Y sobre el estado de penumbra en el que el espectador se puede sentir al salir de la sala de cine, ¿hay alguna esperanza en este mundo? 

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